
Por: Fredy Loza Gallegos
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La crisis generada por la pandemia del covid-19 tomo a la mayor parte de los países del mundo por sorpresa, la negligencia demostrada para reaccionar frente a esta amenaza deja mucho que desear y pensar cuan preparada estaba la humanidad para una situación como la que se acaba de suceder. Pero de cara a nuestro país no se trata de “mal de muchos consuelos de bobos”. Ese tipo de justificativo desdice de la capacidad de las personas que se escudan en eso para afrontar los problemas de manera adecuada.
El gobierno nacional ha enfrentado a la pandemia con recomendaciones de organismos especializados a nivel mundial como es la OMS y OPS que cuentan con importante soporte técnico como es la información y de técnicos especializados. Estas recomendaciones el gobierno transformo en acuerdos ministeriales y el decreto ejecutivo 1710 que declara el estado de excepción, alrededor de 20 resoluciones ministeriales de toda índole mas las ordenanzas emitidas por los diferentes GADs establecen el tramado de un plan de contingencia que se ha vuelto complejo y de difícil aplicación, en algunos casos por la novelería y exageración de ciertas medidas emitidas por los GADs. Que han demostrado un desconocimiento y descontrol frente a un evento de riesgo.
El COE nacional y los COEs provinciales han demostrado su incapacidad de coordinar y gestionar el plan de contingencia. La presencia de un sinnúmero de Resoluciones Ministeriales no se ha podido articularse para la correcta gestión, contaminándose la situación con presencia de personas indolentes que han tratado de sacar ventaja en las compras públicas para la emergencia, así como en el tratamiento de la entrega de los fallecidos, el control de la movilidad e incluso en el reparto de ayudas humanitarias, que al no disponer de bases de datos actualizadas recaen en los mismos grupos de personas vulnerables. Otra debilidad de la coordinación muy preocupante es el manejo de información, al no existir una fluidez transparente permite realizar conjeturas que conduce al caos en vez de señalar adecuadamente a la sociedad los procesos a seguir. Es una lastima que esta situación de emergencia haya prevalecido los cálculos politiqueros evidenciándose posiciones irracionales que han incidido en una mayor profundización de los efectos negativos de la pandemia. Lastimosamente no todos los funcionarios públicos saben cual es su rol en sus instituciones y frente a la sociedad.