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Por: Fredy Loza Gallegos
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Este año 2019 celebramos el centésimo nonagésimo séptimo aniversario de la batalla de Tapi, evento de singular relevancia en la historia de las guerras independentistas de América, que permitieron alcanzar la emancipación política de la Corona Española. El importante suceso se enmarca como un acontecimiento especial por el entorno de la época y los actores que intervinieron, donde se destacan Antonio José de Sucre y Juan Lavalle como personajes relevantes de la estrategia militar que permitió el control del territorio por parte de las huestes independentistas del Libertador Simon Bolívar. El triunfo militar tuvo como consecuencia el apalancamiento político necesario para lograr la independencia de nuestro territorio en la batalla de Pichincha el 24 de mayo 1822. Iniciando así una nueva etapa llena de aspiraciones libertarias para la sociedad, en una época donde el mundo recibía la fuerte influencia de la Revolución Francesa.
Han transcurrido casi 2 siglos de estas gestas heroicas y podemos afirmar que nuestro territorio cambió en su forma, tenemos diferentes modelos políticos de gobierno, una nueva nacionalidad, diferente modelo de desarrollo económico y un sinnúmero de diferencias propias entre un Reino y de las nuevas naciones independientes.
En la actualidad existe un desarrollo social que lo debemos más a la dinámica del mundo y su proceso de globalización y no necesariamente al proceso independentista. Los preceptos libertarios se han ido diluyendo en el tiempo por el maniqueo de las elites políticas en las diferentes épocas que hemos transitado, el fracaso de la Gran Colombia, la vida republicana anclada siempre a intereses particulares de anacrónicas élites políticas ha llevado a nuestra sociedad a una situación de un permanente conformismo, que no se compadece con el potencial que dispone nuestro territorio.
Los preceptos libertarios y la falta de pertenencia de nuestra sociedad se están diluyendo como consecuencia de un débil sistema educativo. Los sacrificios que incurrimos en las hazañas militares van quedando en el recuerdo y para las celebraciones, pero los objetivos que motivaron esas gestas están lejos de alcanzarce.
El crecimiento personal y por consecuencia el desarrollo de la sociedad esta anclado necesariamente a verdaderos procesos de educación, que permitan a la sociedad pensar y razonar en función del bienestar de un territorio, y no a sistemas educativos “domesticadores” que solo terminan sometiendo a una sociedad. Esa batalla de liberación todavía estamos librando y cada vez es más compleja, pero debemos continuar en la lucha.


























