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Con mucha pena y sin gloria
Por: Fredy Loza Gallegos –
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Riobamba
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La corrupción es una de las lacras que nos dejó en nuestra sociedad de forma endémica el correísmo, y parecería que se ha enquistado de forma intrínseca estableciéndose una pandemia que resultará difícil quitarnos de encima. La sociedad ecuatoriana ha sufrido constantemente de este mal social durante décadas, inclusive de lo poco que se conoce de nuestra verdadera historia desde épocas anteriores siempre han aflorado casos de comportamiento poco éticos de los personajes de nuestra historia que han transcendido en el tiempo; lastimosamente los relatos históricos están plagados de héroes de barro.
En estos días con motivo de la depuración de dos integrantes de la Asamblea Nacional ha cobrado presencia de singulares posiciones de “defensores “gratuitos del debido proceso, donde se rasgan las vestiduras haciendo alarde sobre los causales para destitución no existían en la normativa de forma explícita. Tamaña aseveración solo puede evidenciar el grado de cinismo ha donde se ha llegado los personajes que pululan la vida política nacional. Nadie cuestiona la ética con que las asambleístas han actuado, razón suficiente para que renuncien a sus cargos de representación; sus votantes no las eligieron para eso. Esas personas fallaron a sus electores y debían abandonar sus cargos de representación y no esperar a que sean expulsadas; provocando que sus colegas utilicen artilugios y procedimientos muchos de ellos al filo de la normativa, Se aferraban a sus cargos no porque no sean culpables sino por el alarde y la carga de procacidad con la que se actúa cuando se quiere apoderarse a dentelladas de los espacios de poder que le brinda un sistema político viciado, carente de moral y ética. Esos defensores se transforman en encubridores para sostener un sistema de corrupción e impunidad al que nos han sometido. Las personas expulsadas se van de la vida política causando un grave daño a la democracia; con mucho pesar y sin nada de gloria


























