Por: Fredy Loza Gallegos –
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Riobamba
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Se han tomado medidas económicas en estos días, esto como consecuencia de la entrada en vigor de la ley de fomento productivo que se aprobó en la asamblea nacional en días pasados, todas las medidas están encaminadas a buscar nuevos recursos para el estado para su sostenibilidad. Al estado le faltan recursos para su presupuesto de gastos y sus ingresos no alcanzan a cubrir las necesidades previstas.
La pregunta que debemos responder es ¿Por qué le hace falta dinero al presupuesto del estado?, ¿Estamos gastando más que los años anteriores?, ¿El estado ha aumentado los servicios o la calidad de estos para que sean más caros?, ¿Los servicios públicos de salud han mejorado, las medicinas no tienen costo al público?, ¿se han aumentado escuelas o profesores?, ¿la seguridad ciudadana cumple con su función?, ¿Habrán disminuido los asaltos, robos e incluso los accidentes de tráfico?. Entonces, ¿por qué necesita más dinero el estado? La respuesta no requiere de mayor investigación. El gobierno anterior de la Revolución Ciudadana liderado por Rafael Correa dilapidó los recursos del pueblo ecuatoriano que disponía y además utilizo dineros FUTUROS mediante varias figuras de endeudamiento lo que le permitió continuar con el festín de recursos realizando gastos innecesarios y oprobiosos con el parapeto y cantaleta del Buen Vivir le permitió obtener jugosas coimas que se van evidenciando día a día a través de los tribunales de justicia.
Algunos políticos de diferentes tendencias se están rasgando las vestiduras para, a través de la crítica, pescar a rio revuelto algo de presencia, pero habrá que preguntarles ¿cómo resolverían el problema si no es a través de recaudar más impuestos?, sea por la vía que sea. Los impuestos siempre terminan en la sociedad en general. Hay que preguntarles donde estuvieron cuando esos años de desgobierno se dilapidaron los fondos, no serían que estaban disfrutando de las mieles de la constituyente de Montecristi para después decir que les han engañado. Los verdaderos afectados de este desbarajuste y que por muchos años nos van a enrostrar a toda esta generación de complacientes son nuestros hijos y nietos, que tienen que asumir el costo del despilfarro a través de una deficiente educación, un sistema sanitario inadecuado y la desprotección a la que se ven expuestos por la creciente inseguridad y amenazas como son las drogas. Asumamos nuestra responsabilidad que la crisis no termina con esto y que NO NOS ROBEN LA ESPERANZA, porque el resto ya se llevaron.