- Error
No a la violencia

Por: Fredy Loza Gallegos –
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Riobamba
www.radio-mundial.com
La sociedad ecuatoriana está atravesando por un doloroso proceso de aprendizaje de nuevos códigos de comportamiento socia l, producido por una lacerante contaminación que a nivel mundial corroe a las relaciones humanas. La violencia producida por el narcotráfico y todas sus invisibles ramificaciones han contaminado a nuestra sociedad del siglo XXI. Creernos una isla de paz cuando a nuestro alrededor existe una impunidad manifiesta producto de una corrupción que la hemos vuelto permisiva nos ha resultado dolorosa. Nuestro país se ha ido involucrando de a poco en este problema por la codicia de sujetos que tratan de enriquecerse fácilmente sin importarles como lo hacen. Este valor antiético ha permitido permear la conducta de la sociedad y principalmente de la estructura social como el sistema judicial, las fuerzas de seguridad, los gobernantes, los partidos políticos, los empresarios, los medios de comunicación, los medios de producción e inclusive a los sectores más vulnerables sumidos en situación de pobreza. Han cooptado a todos los estamentos de nuestra sociedad. El concepto de isla de paz creo que responde más bien a la comodidad cómplice de los ciudadanos de no querer verse involucrados, escondiendo la cabeza como avestruces ante los acontecimientos diarios de nuestro entorno.
La sociedad ecuatoriana sumida en una profunda crisis económica no es compatible con la dinámica económica que se desenvuelve. Esta debe estar “sostenida” con dineros obscuros que tapan esos “agujeros negros” de la economía.
El gobierno de Correa se volvió permisivo, así lo denuncio el Presidente Moreno; cambio leyes, metió la mano en la justicia, termino con la base de Manta, y muchas acciones que cada vez parecen haber sido deliberadas. Basta ya, que estos acontecimientos sean un sacudón a nuestra conciencia y pasividad cómplice. Vayamos unidos bajo un solo objetivo; transparentemos nuestras acciones personales del día a día con valores y éticas personales y sociales que nos permitan sepultar a la corrupción y a sus devotos. Esto permitirá ser cada vez más libres y construir una soberanía sostenible en el tiempo.


























