La Empresa Pública III

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fredy loza editorial riobambaPor:  Fredy Loza Gallegos – Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Riobamba
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En anteriores comentarios hablé sobre el enfoque que tiene el gobierno de la revolución ciudadana para desarrollar el modelo de empresa pública

como motor del desarrollo económico del país; se lo podía visibilizar a través de los preceptos que fueron incorporados a la Constitución vigente y más detallado se establece dentro del Plan Nacional del Buen Vivir que sirve como marco del desarrollo del gobierno nacional. También en una segunda parte analicé las ventajas que se lograron incorporar al marco jurídico de las empresas públicas donde prevalece la flexibilización laboral, las prebendas fiscales a través de la exoneración de impuestos y tasas y la laxitud frente a los controles de las agencias reguladoras de control. Todo esto en detrimento de las empresas privadas sean de cualquier tamaño.

 

En el análisis de hoy quiero enfocar el porqué la empresa pública, a pesar de contar con estas ventajas, es ineficiente y no logra ser solución para un desarrollo sostenible, siendo precisamente su enfoque el que establece una estructura rígida que esta opuesta a la dinámica de un productor privado. Las inversiones provenientes del sector público se ajustan al principio de legalidad que tiene la característica que solo pueden funcionar dentro de lo que la ley les permite, esto es una camisa de fuerza que limita su accionar a la rigidez de la norma como por ejemplo: realizar sus adquisiciones a través del portal de compras públicas y a tomar decisiones con personas que casi siempre no están lo suficientemente informadas o desconocen el giro del movimiento empresarial. En los directorios de las empresas públicas se encuentran ministros, autoridades y funcionarios recién incorporados que terminan acogiendo en las decisiones los criterios de los abogados, que poco o casi nada conocen de una dinámica empresarial, volviéndose las empresas públicas nada competitivas e ineficientes; y no necesariamente por la calidad de sus administradores que pueden ser especialistas que finalmente se ahogan en una vorágine de leyes.