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En pueblo chico no quiero ser monumentado

Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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No se trata de una negación al frio o a sus pintorescos caminos con sus vitrinas llenas de montañas y ponchos rojos, no es un rechazo a cualquier reconocimiento que buenamente me intenten hacer algunos trasnochados soñadores, ni que mi yo interno se haya despojado de esa vanidad propia de los políticos de medio pelo en Pueblo Chico.
Si no pude competir aunque sea disfrazado de apache en un reparto de los premios Oscar de la Academia; o estar en la nómina junto a Obama, Hitler o Netanyahu compitiendo por un premio Nobel a la Paz; porque no voy a querer ser monumentado en Pueblo Chico aunque sea como el político más inepto que haya llegado a un cargo de elección o a dedo. Lo que pasa es que nunca he llegado y claro es que tampoco he salido y solo llega el que sale, y este pueblo chiqueño ha salido solo a protestar y a rechazar precisamente a los políticos de medio pelo por lo que bien odiosito si he sido, pero todavía no hacen monumento a los odiosos protestones y menos si he sido revolucionario a la antigua.
Tampoco me he distinguido en el campo de las letras, ni proseadas peor versadas como algunos excelsos poetas chiqueños de los últimos tiempos me deslumbran con sus sesudas y románticas odas al pene, a la vagina o al choque de estos instrumentos de sus inspiraciones; o el Poeta numerario que recogiendo partes de Bolívar, Montalvo y el Che, pone su nombre como autor y no compilador; a duras penas alguna vez logré hacer un chilpe poema al Sol y a la Luna dedicado a mi enamorada que fue tan cursi que se cabreó y me fue venciendo, se mandó a cambiar.
No pude poner cara dura como aquel indio suertudo que tiene por años en la ventana principal de su negocio su fea imagen en un busto, insinuando que le hagan monumento, ni llegue a autorizar apertura de calles o urbanizaciones aunque sean torcidas con la condición que pongan mi nombre o por lo menos me digan fulano mucho lote. Tampoco logré ser miembro numerario de la benemérita sociedad cuadrúpeda de rebusneros; o invitado especial de coyuntura electoral en cuanto partido político asome para solucionar la aguda crisis de desempleo familiar.
No, definitivamente no quiero ser monumentado en un pueblo donde la escases de guerras no ha producido héroes, la escases de necesidades de agua, espacios verdes, movilidad, descontaminación, lugares de esparcimiento y esos problemas propios de otros pueblos no han existido en Pueblo Chico; por lo que tampoco ha dado solucionadores, y solo héroes de papel
A falta de figuras populares, con ciertas excepciones, solo produjo figuras familiares que se exasperan se sacrifican, hacen lo imposible por levantar monumentos a sus consanguíneos para que a falta de realizaciones y trascendencia se perennice el apellido chiqueño a la viveza.
No quiero ser monumentado en un Pueblo Chico donde los monumentos a Bolívar, a Sucre, o a Edelberto Bonilla los botan en cualquier bodega de fierros viejos; o como a leonidas Proaño, el viejo político demagogo le fue a depositar fuera de Pueblo Chico en un rincón junto a aguas pestilentes llamadas ecológicas.
No quiero ser monumentado, cuando llegue el momento de salir definitivamente de Pueblo Chico para ir a vivir en pueblo grande ardiente donde disque solo hay pailas; no quiero tampoco rezos en las horas pico, mejor que haya mucho trago para que los borrachitos me acompañen al son de Strauss, Wagner, M.A. Solís, José J. y de los setentas. No quiero ser monumentado y los rezos de 2 a 6 am por favor……

























