
Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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y también buseros?, para dibujarles mejor les recuerdo que estos “señores” son los que si te encuentran cruzando un puente estrecho, o una bocacalle y estas a pata, en bici, cojo o empujando un coche de longo chiquito; te pitará tanto, acelerando la máquina, que le leerás su pensamiento que te dice: quítate de ahí, dame paso que voy yo primero h. de p.
Es decir voy yo, soy yo, claro que este fenómeno o actitud nació y se afiló a raíz del aparecimiento de la división del trabajo, la división de la sociedad en clases, y la estructuración del aparato estatal. Lo cual con la evolución del pensar de algunos interesados en la forma del pensar o sea en la filosofía, la humanidad empezó a comprender la raíz del problema del yo, yo. , y la explicación rápida fue refugiarse en las religiones.
El siglo veinte fue tan conmocional para la humanidad porque una parte puso a temblar las columnas sustentadoras de un viejo poder establecido, al irse configurando generalizadamente las razones del yoyo, y las posibles soluciones para poner fin a este yoyismo; es decir estrechar las brechas entre la opulencia y la miseria lo que se dio en llamar socialismo.
El poder dirigente mundial beneficiario de la indigencia ajena creyó conveniente desarmar el pensamiento unificado de los menos beneficiados que exhibían su pensar en una ideología salvadora que les daba fuerza de salvación y comenzó a mandar los mensajeros del paraíso extraterrenal a través de centenares de sectas encubiertas en nombres religiosos y otras; aparte de hacer injertos mentales con consignas religiosas llamadas de Oriente, Asia y Occidente.
Al ser necesario romper esa unidad ideológica humana que se iba configurando, se enviaron nuevos mensajeros a que desvíen los objetivos unificadores de un nuevo bienestar, y nueva manera de mirar el futuro del mundo y su realidad, por lo que desde los secretos laboratorios del poder mundial, con lo mejor de los cientistas del estudio de la mente humana. Los Genios de la Desideologización lanzaron sus letales bombas de desunión con consignas precisas como estas: el problema no es de un injusto orden y distribución de oportunidades y vida, el problema no es de que pequeños grupos como sanguijuelas extraen, se toman y hasta se roban todos los recursos, y las oportunidades para esos pocos a costa del sacrificio y la miseria de las mayorías, desde los gobiernos o en la complicidad de gobiernos.
Con la teoría de la desideologización, nacida en la década del setenta del siglo pasado, y la constatación de la debilidad humana del yoyismo taxista, se impone consignas certeras en los grupos humanos de las sociedades estancadas en su desarrollo, así se orienta un indigenismo a ultranza, imponiéndoles en algunos sectores conductas regresivas inventadas por sus modernos creadores que llegan al colmo de hacerles pintar y emplumar como apaches de las películas de Hollywood y Cowboys del siglo pasado; además de hacerles cambiar su idioma.
Se crea e incentiva un feminismo machista, haciéndole ver que el problema de la mujer es el machismo del hombre y viceversa, y no un problema de educación, de evolución, de un desorden social, para que el desenfoque sea de especie y no causal. Por ello pronto le quemaran en leña verde al Alexis Mera.
La desideologización te orienta a pensar y actuar en pequeños grupos, de identidad con los toros, las vacas, los borregos, los gallos, los perros, las sectas, desligándote de los grandes objetivos sociales de la humanidad. Solo la identidad humana respetará al resto de las especies, y cambiará su conducta.
Cuando la humanidad haya solucionado el problema del hambre en millones de personas, deberá darse el lujo de masajearse que comer y que no comer por respeto a la naturaleza.
Cuando un gobernante acepte una crítica ajena, también dejará de ser “señor taxista”.