
Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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Los expertómetros aparecen desde cuando se deja de hacer fiesta por la graduación de bachiller , que no va más allá de cuarenta años, y se pasa a graduar en las U. a granel, que entregaban títulos a granel; dando el salto en tres o cuatro años, que de analfabetos por sus propios derechos pasan a ingeñeros o abogadores, y les encanta que les digan doctores, muchos con uno o dos cartones a la vez y maestría de yapa. Es importante tener en cuenta esto porque los cartones se ostentan todavía en pleno ejercicio en algunos dignatarios y servidores públicos.
Los más beneficiados de este boom expertométrico son los políticos y comerciantes que tenían de donde pagar tan lustroso membrete; posiblemente para distanciarse del Señor de la Justicia, del señor Del Gran Poder, y del señor taxista, a semejanza de lo que ocurrió en la Vieja Europa pero en el Medio Evo; cuando los monarcas y papas hacían su agosto con la venta de títulos nobiliarios, e indulgencias.
Son precisamente individuos con un altísimo grado de expresión política reaccionaria, y uno que otro revolucionario chatarra, que mezclan su esencia ideológica con mucha carga religiosa o sectaria, contra la opinión del conocimiento dando respuestas a todos los fenómenos y problemas de manera empírica, confusa y grotesca, que a oídos del neófito le llegan como verdades. Ya se dijo que en la casa de los ciegos el tuerto es el rey.
A decir verdad a muchos expertométricos se les debería tener miedo, por la gran habilidad que tienen para asirse de espacios de opinión, o dirección política, en las esferas sociales o institucionales de cualquier índole; desde el cual anteponen generalmente mejorar su menester personal, familiar, antes que el general, marginándose siempre el prestigio de bienhechores.
Opinan con una pose de falsa modestia, o de aprendiz de apóstol, según las circunstancias hablan sobre el petróleo cuando de este producto no conocen más allá de la gasolina que ponen a sus autos, o del gas de cocina que pronto les quitarán.
Hablan de movilidad y dan soluciones pero jamás se han subido a un bus en Pueblo Chico, o en el Grande a un Eco Vía o un Trole, y en determinados casos, son los que auspician mercados en las veredas y hasta en “sus instituciones”, en los parques, obstaculizando la libre circulación peatonal, o el esparcimiento.
Son expertos en derechos humanos especialmente por los suyos propios, relegando los derechos de quienes no comparten su visión, los de sus subalternos, o de todos los que no comparten su opinión.
Los expertólogos mezclarán su opinión con pensamientos religiosos y algunas frases filosóficas rebuscadas o repetitivas para ganar autoridad en sus creyentes y se erigirán hasta en consejeros nutricionistas.
El expertómetro, jamás aprobará la opinión ajena y siempre encontrará el punto de agregar, distorsionar o encontrar el error ajeno para dar la su solución expertométrica.
Gracias a la expertométrica han surgido incluso nuevos sabios ancestrales y hasta chamanes que combinan el rito religioso cristiano con noveleras prácticas de ritos “induistas” y hasta budistas.
Ya están apareciendo expertómetros peaches de Perú y el Caribe y se completan. El Gobierno Nacional debería imponer el impuesto expertométrico especial, en vez de poner impuestos especiales a las cocinas, digo……