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Opinión: Una guerra ciega y silenciosa

Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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Desde hace muchos años el Ecuador viene librando una guerra total de todos contra todos, con varios frentes de combate y los actores de este sanguinario enfrentamiento se ubican en diversas posiciones de combate que hacen su aporte
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Los partes de guerra dicen que se producen 14 muertes al día, casi 5.000 cada año, 60.000 heridos por año, miles de personas han perdido brazos, piernas, lesiones cerebrovasculares, o sea quedan retardados mentales y con problemas de lenguaje, además de desfiguraciones físicas.
La principal arma de ataque son los carros, que les parece.
Lo positivo de este silencioso enfrentamiento entre ecuatorianos es que, parece que el Presidente de la República quiere enfrentar definitivamente el problema., sin embargo; por la naturaleza, las causas, las motivaciones de este desangre, la solución o pacificación del conflicto escapa a su voluntad, o la de los gobiernos autónomos, o de la Agencia Nacional de Tránsito.
A madurado tanto el Problema que la única solución es a largo plazo con una serie de medidas entre la principal sería una enmienda constitucional que obligue a los tres niveles educativos a impartir la asignatura del conocimiento constitucional, que cambie la actitud y la conducta de las nuevas generaciones, que vayan conociendo que no solo existen derechos, si no también obligaciones; y que el derecho propio termina donde empieza el derecho ajeno, no conseguirán nada quienes creen que se debería hacer conocer y hacer cumplir únicamente la ley de tránsito.
La inseguridad nace en la conducta generalizada de irrespeto a una convivencia civilizada, de irrespeto a la vida, y a los derechos ajenos, o el incumplimiento de las obligaciones, nadie respeta nada. Señalo unos ejemplos:
El peatón no cumple con su obligación de caminar por las veredas o cruzar las vías por las zonas de seguridad, no puede, todas las veredas tienen prevalencia para los carros, están llenas de rampas, inclusive los discapacitados en silla de ruedas deben circular por la calle.
Las rampas construyen inclusive la obra pública, y nada le importa a los GADS, ni a directivos o autoridades de todos los niveles que deberían velar por el cumplimiento constitucional
Se extienden miles de licencias de chofer profesional con cursos llamados intensivos, pero es evidenciable que no solo incumplen con la ley los choferes profesionales, son todos los que se ponen detrás de un volante, a excepción de una minoría ínfima.
Los semáforos se instalan de guía solo para los carros, pero no para los peatones, ninguno de los dos cumple o respeta estas señales.
El poder oportunista alcanzado en todos los gobiernos, por el político líder de los choferes es inmenso, que limita el poder coercitivo de la ley, además que los choferes ya conocen que las infracciones son impugnables, que a generalizado la impunidad.
Es tal la situación caótica de irrespeto que ni en la casa, el trabajo, o en un parque el ciudadano está tranquilo, ya que inclusive en las horas de descanso le molestarán con golpes a la puerta las y los disfrazados de gitanos mensajeros de jehová que le anuncian el fin del mundo.
Es urgente la enseñanza constitucional.


























