
Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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El diablo se quedaría sin clientes y pueblo chico dejaría de ser infierno grande, hasta nacería el riesgo que pueblo chico, vuelva a ser el pueblo santo lleno de curuchupas que solo pecaban a escondidas o apagando la luz, y sus damiselas cuando el compadre se daba modos de marear al compadre .
Y no me digan que no entendieron, porque aunque ya se hayan cambiado de camiseta religiosa, o se hayan hecho agnósticos, o seguidores de esas religiones exóticas traídas de los pelos con el budismo y que les llenan la cabeza y los pies de karma con la esperanza de reencarnarse en vaca o aunque sea en burro.
Cuando eran longos chiquitos, si asistieron al catecismo y les enseñaron que la gula, la avaricia, la soberbia y la ambición son pecados capitales.
Mas en pueblo chiquito desde chace mucho tiempo atrás, los políticos, y los políticos que dicen no ser políticos, pero con sobra de entusiasmo por los billusos, nada les importó feriar a dos dólares cada metro del Parque Industrial, y el suertudo del comprador muy orondo; eso es ambición, de vendedores y comprador.
Mientras los controladores que nada controlan, examinadores, que nada examinan, los defensores que nada defienden, y todos los que reciben sueldasos públicos, con el rabo del diablo envuelto en el cogote, eso es soberbia.
Es que pueblo chico en los últimos años como que quiere ser la capital del infierno donde se recoge a los peores pecadores para designarles en los carguitos de control, y en el paraíso de los que quieren ser descontrolados, con los bienes de pueblo chico desde luego.
Nada dicen, nada hacen de una gran propiedad del IESS, entregada en comodato, para que se privatice la práctica deportiva, suertudos los beneficiarios, ojalá no aparezcan en algún descuido con escrituras propias.
Si hubiera algún control en pueblo chico dejaría de haber concejales y alcaldes vagos, que cobren sueldasos por la pereza, y regalen calles públicas para hacer propiedad privada.
Si pueblo chico tuviera contraloría les haría devolver a todos los concejales y alcaldes, que se dan premios turísticos por el mundo, o por lo menos les tomaría un examen oral del costo beneficio de sus paseos.
Y finalmente si pueblo chico tendría algunos periodistas de$interesados de premio$ por las loas y adulos a las autoridades de turno, eso es gula, los pecadores no serían tantos, y surgiría la esperanza de que pueblo chico salga del infierno y por lo menos pase al purgatorio.