Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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En un mundo cambiante, en un mundo que por necesidad de seguir viviendo se necesita también seguir muriendo, las pequeñas criaturas deben realizar proezas para vivir en la superficie y culminar todos los ciclos de su vida .
Ciclos?, claro la vida necesita ciclos y más aun sus criaturas hijos naturales de esa vida, que se manifiesta en un camino por demás accidentado en el que no todos logran superar esos obstáculos.
Muchísimas criaturas lamentablemente no llegan ni a la mitad de su camino ya sea por causas naturales o por fuerzas externas a sus deseos de desarrollo y son cortados en su proceso regresando en forma apacible unas veces, en forma violenta otras, y no pocas veces en forma dolorosa.
Cualquiera sea su causa se van y dejan mucho dolor en su entorno. Ele aquí la gran satisfacción que sentimos las criaturas con suerte y que luego de los primeros pasos escolares somos mensajeados que todo lo que nace muere, luego de crecer, aparearse, reproducir, ser laborioso en lo que se pueda y decrecer hasta su desaparición.
Desaparición que puede darse con vanidosa satisfacción interna de sentirse un poco satisfecho de haber cumplido los ciclos de vida que ya es mucho pedir, y que por la dureza alcanzada en la transición de las etapas, se inicia el declive natural muchas veces en forma solitaria, fruto del olvido propio o ajeno por la buena o desaprobada actitud que se ha tenido en esos ciclos.
Con frustraciones de no haber hecho tal o cual cosa, con mas frustraciones aun de haber sido impedido abruptamente esa posibilidad trasmisora de pasar lo conocido a su entorno, a la descendencia, debido a su alejamiento abrupto, impuesto por su par en desarrollo.
Con la satisfacción y ese saber interno, de conocer por expresiones diversas que el cumplimiento de esos ciclos no han sido vanos y que a existido el esfuerzo positivo de intentar ser útil en esa corta transición de vida, demasiado corta a las criaturas vivas, en ese infinito caminar reproductivo de la vida, cuando nace esa sensación interna que algunos vanidosos llaman el deber cumplido, y otros lo conocemos como el ser suertudos de haber sentido el paso de los ciclos.
En la suerte, es de comunes ser redundante, de nacer, haber aportado en la reproducción de la vida, haber colaborado aunque sea tibiamente en la curiosidad de saber mas, de haber sido aunque sea un granito anónimo, en ese exquisito lugar llamado Poli, de haber vivido tanto tiempo en medio de lo que algunos llaman pomposamente la Academia.
Suertudo de haber existido aunque sea anónimamente en medio de los constructores, de los curiosos del conocimiento, de los conocedores de tantas cosas, suertudo de haber sido una cuñita modesta y de apoyo para que se desarrolle ese panal lleno de inquietudes, suertudo de haber servido aunque sea de andamio para que los conocedores y ambiciosos de ir mas allá, de saber mas, de tener mas, se eleven, suban y alcancen la gloria, su gloria.
Ahora que se a iniciado el declive, aunque ínteriormente no lo sienta, de haber culminado con casi todos los ciclos, en la soledad propia de esta etapa, me he quedado en la mas absoluta desocupación, pero a cambio volaré, no importa si las alturas sean inmensas, no importa si el vuelo sea modesto y corto, solo volaré hasta el infinito, como lo hacen las criaturas con alas, las criaturas libres.
Es que por primera vez en la corta etapa de los ciclos me he quedado en la más absoluta desocupación, y volaré por siempre.