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Opinión: Cada pueblo tiene los monumentos que se merece
Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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Y cada poeta tiene un pueblo que no le entiende. Existen en el Globo monumentos a grandes hazañas humanas, monumentos a las glorias guerreras, a la gloria literaria a la gloria espiritual y solidaria, a la gloria libertaria; también hay los monumentos que simbolizan al estadio histórico de los pueblos.
Un monumento es el esfuerzo consiente de recordar con gratitud el bien legado a las generaciones sucesoras en la pretensión de potenciar sus imitaciones. Recuerde que he mencionado consiente.
Un monumento es un símbolo y este es el espejo de los hechos, de la vida, de lo real o imaginario, que enorgullece a los pueblos e inspira su rememoración de tiempo en tiempo, como la llama eterna a la Gran Guerra Patria, o la Estatua de la Libertad en el lugar donde menos se la práctica.
En fin son motivaciones que dan vida a los esfuerzos. Macondo recuerda al Eximio Gabriel García Márquez, o Neruda sepulta la sombra Pinochetista.
Existen monumentos que engrandecen el camino de sus pueblos y, pueblos que achican la memoria de su pasado.
Como un pueblito colgado en un balcón de los Andes que va creando acelerados méritos para esconder a sus prominentes figuras; así vemos como a un Leonidas Proaño levantan su figura en un recóndito huequito de un parque bañado por aguas pestilentes pomposamente llamado ecológico y solo es visitado por quienes en última instancia no tienen dónde ir.
Es el pueblo donde la Egregia figura de Daquilema, solo lo reconocen sus parroquianos de la Comunidad de San Miguel de Quero en Cacha, o medianamente un Taller Cultural.
Es el pueblito donde está el monumento vivo en que se redactó la Primera Constituyente y lo mantienen en calidad de meadero y cagadero, y la gigante figura de Bolívar se le esconde en una sucia bodega de un taller de reparación de basureros.
Es el pueblito donde sus autoridades accidentales se esmeran en poner sus nombres en calles, plazas, barrios de tres manzanas, por el único mérito de haber cortado una cinta al adoquinar una cuadrita. O tener parientes avispados que luego de pasar a mejor vida los pros hombres, se esmeren en levantarles monumentos aunque su vida misma no haya sido un ejemplo de virtudes ni hayan realizado obra trascendente.
Es el pueblito donde fácilmente se eleva a la categoría de poeta al que escribe cuatro garabatos dedicados al coito o las partes genitales de su especie, aunque francamente ilusos como este observador no entiende ni papa de esas monumentales obras literarias, ni entiende los misterios bien guardados ni las obras realizadas por los nombres de los monumentos, calles, plazas, y otras cosas bien guardadas, generalmente por sus propios parientes, o los propios bienhechores que en vida misma ya van dejando sus nombres de recuerdo.
Es el pueblo donde sus antiguas obras de arte, o recuerdos de antiguas obras históricas el vulgo dice haber visto en la propiedad de alguna ex autoridad accidental o en alguna joyería colombiana.
Cualquier parecido o semejanza que Usted respetado amigo/a, lo quiera atribuir no es mas que fruto de su elevada imaginación o de sus pecados.


























