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Opinión: Los revolucionarios antisolares
Por: Walter Burbano Iglesias
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- Riobamba
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Cuando uno se aproxima aceleradamente a convertirse en algo parecido a la momia guaneña, o en el mejor de los casos en abono orgánico
de la tierra; conste que no digo de la mama paccha, cuando sin proponerse ha pasado a ser parte del grupo humano no contactado, porque hasta cierta edad, todas quieren contactarse, pero una vez que se ha traspasado la línea nadie quiere contactarse, incluidos los hijos a no ser que tengas una jugosa herencia.
Es cuando empiezan a rememorar que los grupos siempre han producido sus héroes, y claro de todos los colores según los tiempos y las circunstancias, desde los revolucionarios que por sus utopías ofrecieron su vida como Barrabas, hasta Snowden o el soldado manning pasando por Marx, Lenin, Mao, Gandhi, Zapata, Sandino, Alfaro, Ho Chi Min, Le Duan, el Che, Fidel, Ortega, Jarrin, Por mencionar algunos; además los que desde el Poder también expusieron sus vidas por implementar cambios y mejoras para sus pueblos como Allende, Chávez, Morales o Correa.
Podría haberse dicho los de ayer y hoy debido a que los tiempos cambian, un sociólogo vago estaría repitiéndole a Marx que es la dialéctica de la materia y su influjo en los movimientos sociales los generadores de sus héroes, que rompen los esquemas estructurales preestablecidos por corrientes beneficiarias de las inmovilidades. Pero, recogedores del espíritu natural de sus gentes que enarbolando sus deseos crispados, se convirtieron en enemigos públicos de sus dueños y alcanzaron las alturas infinitas del Universo purificándose al sol y otorgando su vida como germen productivo continuadores de la vida.
Un aficionado a la Academia diría que ser revolucionario es la desviación inconforme del “establishment” que sirve para dar la vida por otros.
Cada quien habla o escribe lo que su Uma piensa, me remito a lo visto como aquellos revolucionarios de la FEI, luchando por la tierra ajena corridos a media noche y madrugadas por montes y páramos, perseguidos por terroristas empiojados y huyendo como apestados porque la moda revolucionaria todavía no había llegado, y el señalado como revolucionario o comunista era decir ya viene el cuco.
Son otros tiempos porque ahora conozco que ha habido revolucionarios fundacionales, financiados por las fundaciones gringas, o los y las revolucionarias de género y transgénero.
También los revolucionarios de poncho, especialmente para salir en TV o de viaje a tierras gringas, porque allá es lindo ser revolucionario con poncho, es exótico, al regreso se habla el kischwa agringado, conste que no dije el quichua criollo.
Ha habido también los revolucionarios con horario de oficina, los revolucionarios electorales que mientras se aproxima un proceso van tiñéndose y radicalizando su verborrea revolucionaria, conozco revolucionarios técnicos, que aducen estar en los cargos por sus conocimientos técnicos y la capacidad que dicen tener, pero muy humildes que aunque me miran por encima del hombro a veces si saludan, también hay los revolucionarios sociales que les dura el fervor lo que tardan en disiparse los tragos bebidos.
Y los mejores, los revolucionarios anti solares porque aparecen cada vez que viene un jefe o salen a una marcha revolucionaria, se esmeran por aparecer primeritos, bien escondidas sus anteriores camisetas antirrevolucionarias, muy adosaditos con gorra engafados y cremita anti solar en cara hombro y manos, porque revolucionarios aunque sea temporales si con carpeta en mano también, pero tiznados no, para dejar de ser ingas o mandingas.
Y, finalmente los que andamos por la sombrita, los revolucionarios pendejos no contactados, pero que todavía miramos.


























