Por: Marcelo Méndez
@mendez_marcelo -
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Riobamba
Una de las más grandes falacias que vivimos como sociedad es al asumir que existen buenos y malos.
En verdad ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos, lo que existen son diferentes puntos de vista, diferentes experiencias, y diferentes formaciones.
Las buenas ideas pueden venir de cualquier lado y negar su pertinencia por su origen es absurdo.
De igual manera las malas ideas o acciones también pueden venir de cualquier lado y seguirlas o repudiarlas por su origen es igual de absurdo.
Kant, gran filósofo alemán, dijo que el criterio moral básico residía en la buena intención, sin embargo es muy posible equivocarnos aún cuando estemos movidos por buenas intenciones, si no acordémonos cuando por buenos hemos malcriado a nuestros hijos, con las mejor intención naturalmente.
Para entendernos debemos dialogar. El dialogo implica básicamente escuchar, y escuchar requiere madurez, empatía, inteligencia, y sobre todo respeto.
Los que dicen cosas que no entendemos, requieren de nuestra disposición espiritual e intelectual hacia su postura, no nuestro repudio.
Qué tal si reflexionamos así:
¿Qué interesante que esta persona piense diferente que yo?, haré un esfuerzo por entender cómo piensa, esto no significa que estaré de acuerdo pero posiblemente si implique que lo respete, y ese es precisamente el punto mis queridos lectores.
Ojala no entendamos demasiado tarde que un país se consolida solo en base de la sinergia de los diferentes y no de la hegemonía de los iguales, ojala que no comprendamos demasiado tarde que solo somos seres humanos, que podemos equivocarnos, y que no vale la pena tener la razón, si perdemos al hermano.