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Opinión: El Patrimonio Cultural Inmaterial

Por: Fredy Loza Gallegos –
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Riobamba
El patrimonio cultural inmaterial, transmitido de generación a generación, es constantemente recreado por comunidades y grupos en respuesta a su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, y esto les proporciona un sentido de identidad y continuidad.
En nuestra Ciudad y Provincia estamos perdiendo gran parte de este sentido de identidad, por no saber identificar en nuestra historia actual a los actores que van forjando día a día nuestro territorio; la trascendencia de las personas con las que hemos convivido, su presencia y participación en nuestra sociedad nos parece trivial, probablemente por haberlos conocido personalmente y saber que son mortales.
Creo que la huella que ha generado es su CONOCIMIENTO sobre el ser humano y su terruño, y es lo que debemos aprovechar, ese compromiso de lucha por sus conciudadanos desde el lugar donde se encontraban, ese cuestionamiento al orden establecido que les toco vivir, cuestionamiento no solo al poder constituido sino a la sociedad en el ámbito donde se desenvolvieron.
Con algunos de estos personajes he podido compartir en la contemporaneidad de este tramo de la vida; y por conocer su trayectoria, creo es importante rescatar en su real dimensión su legado. Hombres que trascienden y que no es mi intención encasillarles en un estereotipo ni medirles con una sola magnitud, sino que aprovechar su gran conocimiento como legado real para la memoria histórica del territorio; Alfonso Villagomez, Luis Alberto Costales, Galo Encalada, Carlos Falconí, Agustín Emilio Bravo, Leónidas E. Proaño, Osvaldo Ruiz Ch., lista que seguramente puede ampliarse y que solo es un pequeño extracto de nuestra historia reciente y que por el ciclo de la vida nos han abandonado físicamente.
No se trata de rendirles tributo solo con monumentos o nombres de calles o de instituciones, se trata de rescatar su legado, su conocimiento, su rebeldía, su cuestionamiento al poder constituido que vivieron y que sirva para construir nuestra historia sin esperar a que nos cuenten los historiadores a su manera. Recuperemos nuestra memoria histórica y cuando conozcamos el alcance de su pensamiento, veremos que muchos de los mortales actuales que tienen el poder constituido tendrán que poner sus barbas en remojo, y así para el pueblo será más fácil decidir por mejores condiciones y no creer en fantasías de falsos líderes y héroes con pies de barro.


























