
Por: Fredy Loza Gallegos –
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Riobamba
Los asentamientos humanos tienen unas características específicas que los definen como tal, y en las cuales se resaltan la geografía, la historia, la economía, la política, tradiciones y costumbres etc.
Todas juntas configuran la identidad y cultura de un pueblo. Este concepto no es estático sino dinámico y está expuesto a influencias tanto internas como externas de cambio, por lo cual una identidad de un territorio no es la esencia, sino es un proceso, algo que está siempre en construcción. Se puede afirmar que existe una fuerte relación en el desarrollo de la identidad entre fenómenos endógenos y exógenos siendo más rápidos cuando son provocados por agentes externos y más lentos cuando tienen su origen en la propia comunidad. También hay que considerar la identidad como una asimilación de valores y pautas de acción que adoptan los habitantes que la asumen como propios y que se visibiliza principalmente en las personas que se asientan en un territorio.
Nuestra ciudad vivió una época de oro con la presencia del ferrocarril a partir de los años 1906, hecho que marco identidad en nuestra ciudad y fue el eje del desarrollo de nuestra urbe que podríamos considerar como el último importante acontecimiento que le permitió a Riobamba y a la Provincia de Chimborazo ser un centro importante de desarrollo nacional; desde esa época y mientras duró su influencia el Ferrocarril le permitió a nuestra ciudad tener un crecimiento sostenible e importante, la mitad del siglo pasado y lo que va del presente
La Provincia no encuentra un norte por donde emprender derroteros que le permitan mejorar la Calidad de vida de los ciudadanos que habitamos aquí, y también podemos evidenciar una pérdida de nuestra identidad como resultado de un aletargamiento de la ciudadanía que va perdiendo su capacidad de partencia, ante la impavidez con que se desenvuelve la provincia y sus cantones por la visión de los diferentes actores de la misma, que privilegian intereses personales que terminan depredando no solo los recursos sino la identidad de la provincia que a través de la historia se fue construyendo, siendo esto el más claro indicador de la pérdida de valores y buenas costumbres de nuestra sociedad, que ve en la impunidad el caldo de cultivo para la corrupción, ya nada nos asombra ni nos conmueve, ni siquiera las rechiflas sabatinas que parece nos iremos acostumbrado como un mal necesario. Si no reaccionamos ahora que tenemos la oportunidad de expresarnos en las urnas, mejor sigamos aplaudiendo como focas nuestra realidad porque es señal que estamos conformes.