Por: Marcelo Méndez
@mendez_marcelo -
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Riobamba
La boca habla de lo que existe en el corazón según decreta la sabiduría popular
, de ahí la enorme preocupación al atestiguar como los exceso verbales con palabras ofensivas se han vuelto una costumbre cotidiana desde las más altas esferas del poder me es difícil pensar que no existan otros recursos mas allá de la degradación y la ridiculización para sustentar una idea, parecería que en esos niveles lo que importa es lo duro que se dice más que lo en sí se dice.
Una ofensa contra un ciudadano común es una ofensa contra todos pues no tardará el día en que nos toque el turno; Polonio aconseja a su hijo Laertes en Hamlet que nunca sea vulgar, y tiene razón la vulgaridad ofende y las palabras ofensivas solo las usa aquel que carece de razones o quien pierde la cabeza sin ser capaz de controlar su reacción es en verdad el que demuestra locura.
Se ha escuchado que las palabras se las lleva el viento, esto es verdad cuando se trata de promesas incumplidas, pero en verdad las palabras son una poderosa fuerza, con ella se puede destruir y construir, se puede unir o separar, se puede halagar u ofender también se puede decir la verdad o mentir. Por lo tanto no es algo superficial las palabras expresan una filosofía y denotan una intención. Por lo que es intolerable que los llamados a establecer condiciones de convivencia las contaminen provocando la desunión la burla y la ofensa.