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Opinión: Revista Vanguardia
Por: Marcelo Méndez
@mendez_marcelo -
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Riobamba
Hace unos años la Revista Vanguardia dirigida por Juan Carlos Calderón y Christian Zurita periodistas quienes publicaron la obra “Gran Hermano” enfrentaron una millonaria demanda por parte del Señor Presidente de la República cuyo desenlace es conocido por todos.
En el año 2009 la revista fue asaltada por ladrones comunes quienes se sustrajeron material y equipos, en Diciembre del 2010 se embargó de la revista incluyendo costosos equipos de diseño por parte del Fideicomiso AGD-CFN No Más Impunidad por un incumplimiento de contrato de arrendamiento, cabe recalcar que nunca fue posible la recuperación de la información; el día Martes 31 de Julio del presente a las 15:10 se procede a una incautación de bienes de la revista sin posibilidad una vez más de respaldarse la información.
Sorprende la agilidad con la que los procesos coactivos en contra de esta organización se desarrollan pues muchos conocemos de acciones judiciales que ni lejanamente alcanzan estos niveles de eficiencia, no deja de sorprender que si bien los bienes físicos son el respaldo de una acreencia, corren con la misma suerte los bienes intelectuales los que jamás podrían tener la misma condición pues esta información tiene otras características que merecen otra clase de tratamiento e incluso de respeto, a no ser que dicha información sea parte de un proceso judicial acusatorio, lo que evidentemente en estas circunstancias no es el caso.
Las instituciones del estado están de hecho para cumplir y hacer cumplir con la ley, sin embargo, no sorprendería que existan empresas con situaciones aún más graves que la descrita y por montos más grandes y no hayan sido intervenidas con tanta frecuencia y con tanta contundencia.
Sería interesante ver como la no acordada Ley de Comunicación prevé la protección para estas organizaciones en cuanto a sus derechos en la posesión de su capital intelectual, ya hemos escuchado por parte de la más alta autoridad que el lucro es malo.
Esperamos que esta coincidencial y frecuente mala suerte de esta organización no sea un mecanismo dirigido que intente acallar la voz de los que tienen algo que decir y pierden el espacio para poder expresarlo.


























