Dos versiones de la delincuencia

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Por: Walter Burbano Iglesias
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla - Riobamba
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D.1 aquel que a riesgo de su vida o libertad atraca, estrucha , o descuida bienes ajenos particulares, para sus propósitos invierte o sustrae algún tipo de arma, roba poco, generalmente termina en la cárcel despreciado por la sociedad.

D.2 El que utiliza todos los recursos sociales intelectuales y públicos que, luego de hacer de la política su profesión tiene gran reconocimiento social y apoyo de beneficiarios o sectores atrasados de la sociedad, y sin arriesgar nada se roba inmensas e incalculables sumas de recursos públicos y se va a vivir en el extranjero principalmente en E.U. o Europa.

La tendencia de los individuos a mejorar los estándares de vida y sentir poder sobre el resto que proporciona el dinero es propiedad patentada de un sector de la especie humana; basta mirar de reojo al pasado para comprender esta amarga realidad, los ejemplos se vuelven tediosos y repetitivos: que el Imperio Romano, que los Borgias, que la derecha y su feriado bancario, que Odebrecht y los decretos de emergencia para la libre contratación pública, que no importa que robe pero que haga obra.

La corrupción con altos niveles de impunidad se da en la función pública porque el político goza de garantías como el estatus y reconocimiento social, el esquema y la estructura jurídica creada por este, el respaldo de los encubridores con identidad política, o el embarramiento en actos de corrupción de los adláteres que comparten la función pública en menores niveles que a manera de distracción esgrimen un vocabulario político a veces pseudo-revolucionario culpando al pasado y tapando el presente.

La corrupción tiene varias caras como la del corruptor, del corrompido, del acosador, del que conoce pero calla, o del que a sabiendas permite; ya que a medida que se perfecciona la estructura del estado  se perfecciona el corruptor y el delito público al  elaborar  a su voluntad las leyes que cubrirán sus delitos.

La corrupción al ser un fenómeno de amplio espectro es casi imposible erradicarlo en forma definitiva, pero si es posible bajar sus niveles a través de varios mecanismos que así mismo se vuelve difícil de conseguir, porque las voluntades involucradas en los delitos se encuentran en el vértice político y los sectores honrados carecen de ese espacio de poder; sin embargo al existir voluntad política en determinados sectores involucrados deben atacar los núcleos sensibles en la estructura.

Mucho se ha dicho que los pueblos irán a donde van su  universidades, o se toma como referente del bien hacer a instituciones como la nombrada, la policía y las fuerzas armadas, vertientes que fluyen sus miembros a la función pública, donde se cometen los grandes actos de corrupción o sea los atracos  que atrasan pueblos.

Entonces es imperativo atacar los núcleos sensibles del nacimiento de la corrupción con una reformulación de los cuerpos jurídicos que permitan un rígido control y sanciones duras desde el control a la gestión hasta el castigo a los actos finales del actor y sus ejecutorias.

Auditorias y control externo a los centros de educación en todos los niveles, al sector público, a los partidos y movimientos políticos (excluyendo admisión y actividad),  a la Policía y  Fuerzas  Armadas en todos sus procesos de gestión, admisión, concursos, ascensos y actividad; ya que a pretexto de una arcaica autonomía se realiza todo tipo de actos reñidos con las necesidades del futuro del Estado.