| Caso Fundación Proteger |
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Ya son cinco años de este triste y por demás lamentable caso. La necesidad de la gente así como la expectativa de beneficio levó en el 2005 una vez más hacia un callejón sin salida, para muchos conciudadanos que confiaron en la Fundación Proteger, así como en su principal Jerwin Cevallos. Los indicadores sociales y económicos en nuestra provincia la ubican en niveles de vulnerabilidad muy importantes, es así que ha sido espacio adecuado para el desarrollo y operación de múltiples ONGs, fundaciones y otras similares, muchas de ellas enfocadas hacia visiones trascendentales, existiendo también unas pocas cuya eficiencia y cumplimiento de misión no serían las adecuadas. Dentro de este universo, es triste que haya tenido cabida una organización que sirviéndose de altos preceptos de servicio comunitario, le haya sido permitido captar fondos bajo la promesa de prestar beneficios que jamás se cristalizaban, y eventualmente con la fuga del responsable desenmascarar una caótica situación donde el pueblo una vez más cargará con el peso de los platos rotos. Lo que parece ser mala fe para con la ciudadanía de la provincia hace también notar corresponsabilidades y omisiones por parte de los entes de control, como el Ministerio de Bienestar Social, quiénes al actuar a destiempo y sin capacidad de anticipación ante la enorme crisis que se veía venir muestran una incomprensible incapacidad de gestión ante lo mínimo que su función manda, la cual es controlar las Fundaciones. Necesitamos integrarnos, asociarnos y seguir apoyándonos en instituciones cuya experiencia y connotación social y productiva ayuden a aquellos que deseen encontrar días mejores, mas el simple enunciado de estos principios no debe dar carta blanca a unos pocos deseosos acaso de servirse de aquella necesidad. Es nuestro interés como chimboracenses que el aludido en este artículo, enfrente con valentía los frontales reclamos a él imputados y que en el futuro ojalá a nuestra ciudadanía no le cueste tanto diferenciar a las ovejas, de las que solo llevan sus pieles. |

















Por: Marcelo Méndez











