Orígenes de la Noche Vieja y el Año Nuevo

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monigotes fin de año riobamba

 

De todas las festividades probablemente sea la del Año Nuevo una de las de mayor tradición, significación y colorido.  Y es que el ocaso de un año para dar paso al nacimiento de otro simboliza para muchos un “borrón y cuenta nueva”, una oportunidad para volver a empezar, mejorar y lograr metas pendientes.

ORÍGENES DE ESTA CELEBRACIÓN
Llegó un momento en que los pueblos de la antigüedad se percataron de la existencia de un constante retorno hacia el punto inicial, pues al transcurrir cierto período de tiempo se repetían las mismas situaciones: el cauce luminoso de las estaciones, el renacer de los cultivos y el regreso de las lluvias. Se iniciaba un nuevo año.

Cuatro mil años atrás los babilonios consideraron la repetición periódica de las estaciones como un motivo digno de celebrarse, por eso instituyeron un ciclo 11 días de ceremonias y fiestas que se iniciaban al asomarse la primavera.

Los egipcios celebraban el fin del año al empezar la crecida del río Nilo y la preparación de las tierras para la siembra; mientras que los romanos lo hacían el 25 de marzo. El emperador Julio César cambió la fecha al primero de enero, día dedicado al Dios Jano; lo que luego se confirmó en las adaptaciones hechas por el Papa Gregorio XIII y quedó plasmado en el calendario que hoy nos rige.

RITOS CURIOSOS, ESPECÍFICOS DE ALGUNOS PAÍSES

Año viejo es un monigote que representa básicamente el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la medianoche del 31 de diciembre en un gran número de países latinoamericanos, desde México hasta Uruguay aunque la costumbre está más arraigada desde el punto de vista popular en Ecuador y en algunas regiones de Colombia y Venezuela.

El ritual se debe distinguir de la Fiesta del Judas que a pesar de tener características similares tiene distintas connotaciónes y se celebra en algunas regiones de España y de América latina, al inicio de la semana de pascua o en el domingo de resurrección.

Igualmente el año viejo se debe distinguir de las efigies que se incineran en protestas políticas, aunque también suelen representar personajes concretos o símbolos de organizaciones y países objetos del rechazo, porque se realizan en cualquier época del año y sin los elementos rituales del 31 de diciembre.

La elaboración, exhibición estática o procesional y culminación con quema del Año viejo, en medio de una fiesta cargada de símbolos, hace parte de las celebraciones de fin de año o nochevieja.
Los muñecos que se elaboran en familia, grupos de amigos o vecinos y se exhiben en los barrios y fuera del concurso que algunas autoridades regionales organizan, generalmente representan en forma no específica a un anciano con pelo canoso y arrugas, con expresión triste o lastimera si la máscara es muy elaborada.
Los muñecos que se elaboran para los desfiles y concursos locales suelen representar de manera caricaturesca los acontecimientos significativos o identidades reales o más específicas, sobre todo negativos relacionados con la política, la farándula, el deporte y en general personajes famosos populares, notorios en la localidad o región durante del año transcurrido, y precisamente el acierto y humor en esa representación son los factores que los jurados de los concursos tienen más en cuenta para premiar el mejor trabajo.
En la mayoría de regiones igualmente el muñeco es acompañado de músicos y de una comparsa o puesta en escena con personajes simbólicos como la viuda, la plañidera o el diablo.
En muchos lugares, antes o después de la quema, se lee un "testamento", en el cual, como culminación de la catarsis, con lenguaje irónico o satírico se hace recuento de los sucesos que caracterizaron el periodo que acabó y se dan recomendaciones a sus protagonistas para el nuevo año.

La incineración a la medianoche del 31 de diciembre del muñeco es un ritual de purificación para alejar la mala suerte o las energías negativas del periodo que termina, así como de transición pues también se celebra la llegada del nuevo año aboliendo lo anterior. Como ritual de fuego representando la supresión de lo pasado para permitir una regeneración del tiempo y de las energías, la quema de un muñeco es común en muchas culturas y aun con transposición de fechas y de épocas tiene similares significados

En la mayoría de países latinoamericanos a la costumbre se atribuye un origen hispánico y en España costumbres similares posiblemente sean derivados de rituales antiguos paganos europeos[cita requerida] como las saturnales de los romanos o los rituales celtas como el Olentzero en el País Vasco y Navarra en España.

En Ecuador

Los primeros datos sobre la existencia de los años viejos en este país son de 1895, cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó a los guayaquileños.

Como medida sanitaria confeccionaron atados de paja y ramas con los vestidos de los familiares muertos, para quemarlos en la calle el último día del año y ahuyentar así la peste y la desesperanza. Es la representación de lo viejo y el inicio de lo nuevo, de dejar el pasado y de proyectar el futuro. Esto a través de muñecos, conocidos como años viejos o monigotes hechos con aserrín. Cada año se lo llora, las viudas y herederos acompañan al viejo hasta el último minuto, cuando fallece, su notario da lectura al testamento para repartir toda la herencia acumulada durante el año, mediante el cual deja bienes, cualidades, defectos y penas, dando así a conocer lo ocurrido en el testamento, que no es otra cosa que una evaluación crítica de lo vivido con mucho humor.

En diferentes ciudades del Ecuador se realizan concursos de años viejos, muchos de los cuales son tradicionales desde hace más de 40 años

En otros lugares

En Alemania develan los misterios del futuro con una barra de plomo, la cual se pasa por una soldadora, se funde hasta hacerse agua y las gotas plateadas se vierten en un vaso cuando el alba empieza a despuntar. El plomo líquido se vuelve sólido nuevamente y alcanza formas extrañas que, con una buena dosis de imaginación, pueden predecir lo que depara el mañana.

Los escoceses buscan un barril de madera, le prenden fuego y lo ponen a rodar por las calles. Según dicen, es para permitir el paso del nuevo año. Además, después de medianoche, llega el momento de presentar su "primer pie". A esa hora van a ver a sus allegados para desearles feliz año nuevo y les ofrecen un trago de whisky y un pedazo de pastel de avena. Los más viejos se quedan y esperan que el "primer pie" en sus casas sea el de una persona bella y alta y, sobre todo, de cabello negro (que trae suerte).

En Rumania las mujeres solteras suelen caminar hacia un pozo, encender una vela y mirar hacia abajo. El reflejo de la llama dibujará en las oscuras profundidades del agua el rostro de su futuro esposo. Las que se quedan en sus casas toman una rama de albahaca y la colocan bajo la almohada: el sueño de esa noche tendrá como protagonista al hombre que las espera.

En Brasil, donde se practica una religión llamada Umbanda, (fruto de una mezcla de ritos africanos) se genera la fiesta de Iemanja. Las playas se llenan de gente y los cantos religiosos inician la ceremonia en honor a la santa que lleva ese nombre. Los que viven retirados viajan hacia la costa para realizar ofrendas al mar, que la mayoría de las veces son flores en pequeños barcos de madera. Los participantes llevan trajes de colores diferentes cada año (en función del santo que "gobernará" durante esa nueva etapa), bailan y cantan. Le rezan a Iemanja y piden deseos.

En Bahamas celebra la fiesta del Junkanoo, que se remonta a los siglos XVI o XVII y tiene lugar en honor a John Canoe, quien fue un gran propietario de plantaciones, muy bondadoso, y permitía a sus esclavos tomarse algunos días para la Navidad. Ellos festejaban con danza y música africanas. Esta celebración hoy en día se ha convertido en un gran desfile formal y organizado, con disfraces sofisticados mucha música. Se realiza un cortejo de bailarines enmascarados en trajes coloridos y luminosos.

Foto: Monigotes en Riobamba

Fuente: Varias